viernes, 24 de abril de 2009

El día 28

Magdalena siempre sentía susto alrededor del  28 de cada mes.  Contaba cada día que pasaba con creciente temor.   Temor, acentuado por cambios que solo podía explicar del modo mas funesto.  Ella, la niña perfecta, era coqueta, atlética y vivaracha.  Y como correspondía vivía en casa con su familia, la que depositaba en ella todas las ilusiones de la hija única, la menor de 5 hermanos mayores todos varones. 

 La niña perfecta pasó así muchos sustos en silencio, nunca aprendiendo a tener sentido común, y mucho menos a tomar precauciones que le evitaran tanto sobresalto cada mes.  Con lo que siempre consideró como suerte, cumplió todas las esperanzas de sus padres.  Se paseó por la nave central de la Catedral cubierta por un largo velo, vestida de blanco virginal y su rostro delirante de felicidad, agració todas las páginas sociales. 

Pero eso fue mucho tiempo atrás.  Hoy Magdalena aún espera el día 28, no con susto sino con ansias.  Ansias que se convierten en tristeza, de manera regular y segura.   Ahora cuenta los días y también los meses, meses que se convierten en años y con cada llegada del día 28, piensa que no solo ha perdido el susto, sino también la esperanza.

3 comentarios:

  1. Creo que los primeros párrafos están repetidos, verifica la historia es preciosa...

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  2. Un saludo

    Desde hace unos meses, yo y otros dos amigos, estamos llevando a cabo un proyecto. Dicho proyecto consiste en la elaboración de una comunidad literaria independiente, un rincón en el que cualquiera pueda expresarse y de cualquier forma: relatos, poesía, etc. La idea de la que surgió y de la que aún se sigue sustentando, no es solo esa expresión, anteriormente mencionada, sino el mestizaje: que lo que yo escriba puede servirle a otro de aprendizaje o si más no, pueda aportarle alguna idea y viceversa. Por ello, les invito a todos aquellos que quieran participar en la redacción a que envíen un mail a lagacetademedianoche@gmail.com, citando el correo electrónico de la cuenta blogger, a la que deberá enviarse la invitación.

    Atentamente,

    El Gato Negro

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